Bundesarchiv, Bild 183-1989-0710-419 Uhlemann, Thomas / CC-BY-SA 3.0

El nudismo y yo – Parte I

Todo comenzó -o al menos comenzó en mi vida- cuando me inscribí en un gimnasio con sauna incluido. Había empezado mucho antes, en verdad, en los inicios de la humanidad; pero fue mutando, evolucionando y volviendo a cambiar durante los siglos de historia, los cambios sociales y la gente. Me refiero al nudismo, al andar “en cueros”, en pelota o en bolas. Para los alemanes es conocido como FKK, la “Freikörperkultur” (cultura del cuerpo libre), mientras que para otros como una falta a la moral y las buenas costumbres. Para mí: un paradigma cultural totalmente distinto al de la represiva comprensión del cuerpo en Chile, trauma que intento poco a poco superar. Hace un mes, dejé deslizar mi toalla por primera vez frente a miradas ajenas (femeninas y masculinas) en un pulcro, pero atestado camarín. ¿Qué se escondía debajo? Apuesto a que casi ninguno de ustedes lo sabe.

Bundesarchiv, Bild 183-1989-0710-419 Uhlemann, Thomas / CC-BY-SA 3.0
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Siempre recordaré una de las primeras cosas que mi papá me contó sobre Europa cuando era chica: en Alemania, las ancianas andan en bicicleta y usan vestidos con zapatillas. Sí, en una época en la cual los vestidos y faldas se ocupaban única y exclusivamente con zapatitos, ponerse unas zapatillas parecía algo de Marte. Pasaron muchos años antes de que me diera cuenta de que ese simple detalle revelaba una diferencia crucial entre la sociedad alemana y aquella en la que yo había crecido. Y pasaron muchos más antes de que pudiera empezar a cambiar el chip.

En el año 2013 tuve la suerte de aterrizar en una ciudad en donde existe un lema: sé quien quieras. Desde lo que usas hasta lo que no. Da igual, no te juzgaremos por eso con engorrosas y discriminadoras etiquetas. “Los cuerpos son diferencias”, dice Jean-Luc Nancy*, “Por consiguiente, son fuerzas. Los espíritus no son fuerzas: son identidades”. Nuestra superficie puede ser una, pero no quiere decir que nos determine. Por supuesto, lo que nos ponemos (o no) sí está basado en decisiones, pero no existe, necesariamente, una regla. Cuando mi padre me hablaba de señoras locas mezclando ropa inadecuada, ahora sé que me estaba nutriendo con los primeros conocimientos sobre Berlín, la capital que es ahora mi hogar. Continued…Read full original article…

Source: No Comer Silencio

2 weeks ago

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